Menos mal que tenía en la memoria una historia del viernes que ha funcionado como la vieja manta que nos ponemos cuando estamos leyendo algo importante. Resulta que borrando correos me encuentro con uno de Noviembre, sin leer, en el cual una persona cercana con la que uno pasa momentos de desencuentro me había dejado su mensaje. Se llama regalo y dice :
» Mañana es mi santo y aunque no suelo celebrarlo quiero pedirte un pequeño regalo. No se lo que ha pasado ni quiero que me lo cuentes, si tu no quieres, pero me gustaría que todo volviera a la » normalidad»; que me llames por mi apellido, que me pidas caramelos o monedas para el coche, que vuelvas a contarme cosas. Ni pido más. «
Es tan hermoso que merecería una novela. Lo otro, no. Por favor, ya basta.
