la mano

El otro día, por primera vez en su enfermedad, mi madre, se agarró a mi mano para pasar el trago. Fue un momento inesperado- duro claro- en medio de una crisis con fatiga y ansias que anuciaba un mal día que luego se fue arreglando, de mas a menos, como hay que enfrentar las cosas de dolor para que vayan por su sitio.

Hasta que un hijo no coge la mano de su madre, o de su padre, en medio de la enfermedad, hasta que no le ofrece su apoyo íntimo para salir del trance, hasta que no se produce ese momento contra natura, en la que el hijo tiene que salir de su cueva de protección y proteger al que venía esencialmente protegiéndole, hasta que no llega ese día, tengo para mí que no ha pasado casi nada, que todo, en cierta manera, han sido fuegos de artificio.

Hay pocos libros que hablen del asunto . Recuerdo uno de Roth el contemporáneo, sobre la enfermedad y muerte de su padre y recientemente, un par de capítulos de Amos Oz sobre la gran crisi de su madre. Los libros hoy hablan de asesinatos, grandes operaciones monetarias, bisexualidad, homosexualidad, cosas en peces y demás. Pocos libros hablan del dolor profundo, de los secretos del dolor como lugar de sabiduria. Sorprendentemente en los lugares de dolor habita la alegría, como en otros parajes poco visitados.

Insisto. En la enfermedad busquen la mano de su madre. Solo que al revés , ahora es a nosotros a quienes nos toca mantenerla.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.