hábito

Han llegado las nieblas y ya lo he dicho alguna vez:
la ciudad tierra sin liebres; inútil basurero de cigueñas.

Todos los libros guardan su secreto.
El viernes por la tarde, como hacíamos antes, estuvimos en La Trapa para oír el oficio de la salve.
Comienza con los últimos rayos de sol y termina con la noche cerrada. La nave central está en completa oscuridad y van encendiéndose los grandes cirios según avanza la liturgia. Los hábitos blancos de los monjes imantan la mirada y el silencio deja caer su manto sobre los cansados peregrinos. Hay un momento en el que cantan:

» Guardanos Señor como a las niñas de tus ojos / al abrigo de tus alas protegenos «.

El tiempo se suspende y del otro lado de lo siglos llegan otros hombres para sentarse un rato con nosotros. El oficio pasa por los cuerpos ateridos de la zafiedad de la semana como si de una ducha tibia se tratase. Uno asiste, atónito, a uno de los secretos mejor custodiado.

Valentín Martínez Carbajo , el autor de la novela que presentamos en Noviembre, fue monje de este sitio. Vivió en medio de su mundo y de su ritmo. Resulta difícil entender que se puede puede buscar fuera de allí cuando se ha tenido la oportunidad de ver el rostro de las cosas. Pero dejó los hábitos. Se fue extramuros y dedicó su tiempo a escribir historias de la nueva urbanidad que tan bien conoce.

Un secreto tras el otro.

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