dotes de mando

A mí de los manuales de autoayuda el que me gusta son las meditaciones del emperador Marco Aurelio. Es uno de los libros mas hermosos que conozco, elegante, distante, nada seductor y atravesado por la presencia cercana de la muerte. Tiene una primeras páginas dedicadas en exclusiva a los agradecimientos y nunca habla de lo que hay que hacer para no estar gordo. Es como si lo tuviera prohibido.

Esta semana, sin embargo, he estado releyendo » Capitán de mar y guerra » de Patrick O, Brian y me he dedicado a subrrayar cosas sobre el mando, sobre el mandar bien, como Dios manda. Cito un poco alocadamente:

» Un capitán nunca debe ser popular. Se necesita bastante más que ser un marino experto para ser un buen capitán. Cualquier maldito marinero puede gobernar un barco en la tormenta. Hay que dar mucha importancia a la prontitud, la limpieza, la perfección en el vestir y la jerarquía».

Aquí varado, a punto de comenzar la semana suspiro porque me hubiera mandado alguién así, por haberme ocupado de mandar en vez de quitarme del medio y , sobre todo, por no haber podido gobernarme a mi mismo con semejante talante. Haber conseguido ser un señor de mi propio ánimo.

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