Enero

Hemos estado esta mañana en la viña podando unas cepas y plantando. Tenía el campo al final una luz muy nueva que resaltaba los marrones de las tierras y las lindes caprichosas marcadas por el sol que quería salir haciendo fuerza. Ha ganado claramente la batalla y sobre la una hemos comido unas rajas de chorizo y un poco de salchichón con vino de Pinacho, provevedor oficial de la editorial.

El aire estaba cargado de promesas y hemos tenido que brindar por el futuro, por los libros que vienen y por nosotros mismos. Ha sido el campo quién ha cambiado nuestro humor y nos ha hecho ver que hemos dejado atrás los peores días, que hemos doblado el cabo y vamos camino de aguas serenas y amistades profundas. La naturaleza es tan fuerte que hace doblar la espalda del incrédulo para que huela la tierra y se levante en la alabanza. Un año, tras otro. Cada vez con más piedras en la mochila. Cada vez con más sorpresa. La sorpresa como gran vector de nuestro mundo interior. De nuestra propia existencia.

Cuando me he levantado de la siesta para poner un poco de orden en la semana que empieza, he creido que eran las cinco menos veinte y luego me he dado cuenta que no, que era más tarde, que me saludaba el sol de las seis menos veinte. Una especie de milagro que solo entienden unos pocos. Otra vez, amigo Borja, vamos camino de la primevera. En Mojacar dicen que nos esperan.

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