Vidas ajenas

Cierro el fin de semana atrapado por un libro singular, un valor fuera de mercado. » De vidas ajenas » , cuyo autor es un francés llamado Emmanuel Carrére y publicado por Anagrama el año pasado. Un crítico ha dicho algo que suscribo:
» Si van a leer un solo libro este año , que sea este «.
En medio de un atracón de títulos que me he metido en le mes de enero, y que mi memoria ha cerrado como si no hubiera pasado nada, de pronto este destello, este cruce de trenes en medio de la estepa. Uno a veces se encuentra con lo que estaba buscando.
Montado al más puro estilo del nuevo periodismo americano, como si de Truman Capote se tratase, Carrere da cuenta de un encargo recibido: el de contar la vida de unos personajes secundarios, valientes, entregados, actuales, lejos de cualquier icono mediático, cogidos en la desgracia de la enfermedad o la simple tragedia:
» Era un encargo y lo acepté, dice el autor. Empecé, pues , a contar la amistad entre un hombre y una mujer, los dos supervivientes de un cáncer, los dos cojos , y los dos juces, que se ocupan de asuntos de sobreendeudamiento en un tribunal de primera instancia «.
Al desbrozar el encargo, al trabajar para hacerlo cierto, el autor no hace otra cosa que abrir una vía de solidaridad incondicional con la congoja insondable de la condición humana según expresión de uno de sus personajes.
La fuerza de la dignidad de este tipo de personas , la grandeza que se desprende de su fracaso o su triunfo sobre la enfermedad, la capacidad de estar solos, llenan las páginas de este hermoso texto escrito para todos con la sabiduría de conocer que a fin de cuentas no es para cualquier boca. Ayer , cuando estaba a punto de terminarlo me levanté en busca del tf y llamé a mi amigo Manuel , psiquiatra él, con quién comparto muchos más huevos con jamón que los que nuestro índice de colesterol aconsejaría. Llamaba para darles las gracias en nombre de sus pacientes a quién conozco solo de oídas y siempre sin nombre. Para decirle que en este libro se pone en evidencia la tarea de los que, como él, vuelven a poner en circulación a gentes a quienes han enseñado a vislumbrar en su propia persona, la incomprensible furia de la maldad humana, la incomprensible insistencia de la misericordia, según expresión de otro crítico literario en este fin de semana.
Estamos hechos a observar la vida desde los lugares más disparatados. De vez en cuando alguién te toma de la mano , te lleva hasta un altillo y te dice : mira. Estos son los imprescindibles.

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