veinte euros

Un amigo me cuenta , casi avergonzado , un secreto que le aprieta y del que no ha dado cuenta siquiera a su mujer, ni a los familiares más cercanos.
Presidente de la comunidad de vecinos ( fatal destino ) ha tenido que abordar una pequeña derrama para solventar un problemilla de ascensores. Uno de los propietarios le ha manifestado su imposibilidad de pago ( unos treinta euros mensuales ) dada la situación de paro sostenido en el que se encontraban tanto él como su mujer desde hace un tiempo. Al poco mi amigo se ha enterado que reciben alimentos de Cáritas y que a duras penas van sosteniendo los personajes y su presencia pública.
Perturbado ,  ha venido dando vueltas a como presentar a la pareja su disponibilidad y su apoyo a pesar de que la relación, como ocurre en tantos casos, no era lo cercana que cabría esperar de la proximidad y de los años. Finalmente ha tirado por la calle del medio y esa era la razón del secreto que me entregaba:
 de vez en cuando, todas las semanas, mi amigo se asegura de que no mira nadie y mete en el buzón del vecino un billete de veinte euros. Lo ha venido haciendo todos este tiempo y me asegura que soy el primero en saberlo. Le creo.
Él ha encontrado la salida que todos estamos buscando. Consecuencia de un mirada originaria, conmovido por esa visión  sin velo de la realidad ha desembocado en un gesto fuerte y discreto, seguramente tan valioso para el que lo recibe como para él mismo. Digamos que ha encontrado su camino para adentrarse en el lodazal en el que parece que se está convirtiendo todo. Su visión, sin velo, le ha permitido ver que lodazal es un campo de arroz listo para el servicio.
Me cuentan que algunas entidades trabajan ya en este sentido. Hacen encontrarse los rostros de unos y otros. Ponen en contacto a los que necesitan y a los buscan desde donde empujar para desvelar la luz que brilla del otro lado.
Leo este fin de semana una novela que habla, veladamente, de todo esto. Postguerra en la Inglaterra rural. Parece que nadie hubiera ganado la guerra pero la gente sigue empujando con insistencia. Seguramente el punto en el que nos salimos del camino.
John Mortimer. » Una paraiso inalcanzable». Libros del Asteroide, Ed .
En confianza. Merece la pena.

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