Mayo

Lo mejor de mayo son las tades. Tardes largiruchas que se van haciendo mujeres en la medida que sucede su tiempo, hasta confundir el día con la noche, y desembocar en junio. Las tardes de mayo parece que no fueran a acabarse nunca y así hay que tomarlas, como una promesa de eternidad , o de confusión que viene a ser lo mismo. Las tardes de mayo hay que concuirlas merandando. Sentados al declinar del sol, bebiendo vino del año y con el decir rectado y suave de los amigos, tan lejos de la actualidad como fuera posible, tomando como un inuslto personal la sola mención de la prima de riesgo.
Mayo también es el mes de las rosas, esa flor de una belleza ejemplar y de un olor equívoco que tienen el tacto de terciopelo que debieran contener las cosas regias. Las rosa de San Poncio que tanto gustaban a Plá en su tierra marrón y rica, mezcla de pinar y mar, ejemplo de que cualquier combinado puede ser posible.
Mayo, finalmente, es el tiempo de la explosión, del gran big bang anual de la naturaleza. Diminutas y bellísimas flores cuya vida efímera nos reclama. Insectos de 24 horas, campos de amapolas blancas, trastornos del corazón, horas de una nostalgía infinita que parece que pudieran acabar con nosotros. Mayo jugando con el tiempo :
» Abandonado al tiempo que siempre me está abandonando. Nunca tengo tiempo. Él me tiene a mí. El abandono al tiempo mantiene las cosas en movimiento. Esta agitación infinita, aunque sea profundamente inquietante, no es solo obra de lo negativo » que dice un señor que estoy leyendo ahora.
Plá argumentaba que en mayo se encuentra la mayor cantidad de aventuras biológicas y peripecias orgánicas. Mayo es el tiempo del tumulto, de la gran sinfonía, recalcaba.
Conviene tener estas cosas presentes para mirar mejor. Hay que salir al campo sabiendo a lo que vamos y solos, o, como mucho, en pareja asentada de largos años. Nada más pensoso que cruzarse por un pinar lleno de flores pequeñas y amarillas con una brigadilla anticolesterol hablando de política barata como antes se hablaba del servicio. El campo requiere que te hablen lo justo: solo cuando te tengan que decir algo. Para el resto ya están los cafés y los bares. Cada cosa a su tiempo.
Volver de mayo a casa es lo mejor que uno puede hacer. Volver y que la casa esté encendida, que la luz entrañable de la compañía ilumine la estancia, que la soledad compartida se haga presente. Volver de mayo a casa y encontrarse con la ausencia es un contrasentido biológico.
» Antes del inicio hay un abandono. Estoy , estamos abandonados; no solo nos abandonan una vez sino otra , y otra y otra. El ser acaece como abandono; ser, pues, es haber sido abandonado».
«Reflexiones sobre morir y vivir». » Notas de campo desde otra parte «. Mark C. Taylor. Ed Siruela.
No dejen de echar un ojo a este libro. 

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