tribulaciones

La escena tiene lugar el último domingo por la mañana en un mercadillo de Santander. El editor está buscando encuadernaciones de piel de los años cincuenta. El puesto lo regenta un calé ceremonioso y en autoridad que habla con otro que se encuentra del lado de la clientela. Se manejan en un lenguaje bíblico que los delata como seres del «curto». El que tengo al lado está gastao, lleva melena de rizos a punto de caerse, grandes ojeras de bolsa y tacón para llegar al uno cincuenta. Se ve que ha corrido lo suyo.
–Las tribulaciones , Manuel, nos van matando, dice el pastor intentando aportar sentido.
— Las tribulaciones y los fritos. A mi siempre me han hecho daño los fritos, primo, contesta el palmero.
A lo enfermos lo que nos mata son los fritos. Con el resto se puede pero los fritos nos llevan a huerto por lo derecho. El enfermo, el hombre, tiene que pechar siempre con las explicaciones de los otros en medio de sin sentido. La enfermedad como desorden es ententida por los otros como expresión evidente de la culpa y así el enfermo carga con la nueva nuevo culpa de no curarse por no hacer lo que se le dice.
Son los fritos , sin embargo los que le están matando.
Nadie sabe de la importancia vital de los médicos de familia. En medio de la gran catástrofe del tiempo, siempre tiene uno la oportunidad de agarrarse a su sentido común y a su entereza.
O el médico de cabecera o un gitano. Fuera de ellos no hay quién sepa hacer un chiste entre un estímulo y una respuesta.

Comentarios

  1. El otro día en un Burriquín se sentaron a mi lado unos jichos que también venían del "curto" pero se metieron una triple whopper entre pecho y espalda que no veas.

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