tareas

Levinas, el pensador judío, escribió en su día un artículo al que vuelvo con frecuencia titulado » dificil libertad «. El eje del trabajo era la conciencia del rostro que contenía en su contemplación la existencia del otro. Es decir, al ver un rostro, uno tomaba conciencia del otro y, consecuentemente, el deber moral de respetarlo y reconocerlo. Cuando un animal enseña el rostro al congénere, pide clemencia y el otro se ve impedido de ejercer violencia alguna. En resumen, la contemplación del rostro de alguien nos lleva al deber moral de ser otro para los otros. Un deber que dura una vida.

A veces tengo la sensación de que esa es la tarea del pequeño editor. Ser trasmisor de la voz del que tiene algo que decir. En otras, el editor publica un libro y sabe que ha hecho un ruido innecesario, siente una pena grande por haber violentado el orden íntimo de las cosas. Alguna vez , el editor publica un texto de alguién que no respeta los rostros, que solo busca la fama, que desprecia incluso la gloria, y el editor sufre y se maldice.

Mañana voy a comer con un autor y con la persona que medió para hacer posible su libro. Lo hacemos como celebración. Como una pequeña alabanza al hecho de haber podido hacer algo juntos. De haber sido, entre nosotros, unos para otros.

Guay.

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