mami

He estado de visita en casa de Guille que, no sé si se acuerdan, es ese amigo mío de tres años a quién sigo en su nacimiento al lenguaje desde que me enseñó » tarta » como protopalabra de referencia para nombrar todas las cosas ricas que iba descubriendo.
Magnifico anfitrión, me presentó a sus padres, a su perro Hommer, a quién no hizo ni caso en toda la tarde; me enseñó sus cuentos, su casa, sus coches bonitos, el jardín ( pampo para entendernos ), y me dió de merendar con esmero y sin hacerse notar, como debe de ser.
Tiene todavía una lengua de trapo muy graciosa con la que va y viene por su mundo nombrándolo todo como un verdadero aventurero.
Dos cosas, sin embargo, me sorprendieron especialmente: la perfección para diferenciar e imitar las bocinas de la Policia y las ambulancias y sus tiempos muertos en la incesante actividad de su vitalidad contagiosa. Verán:
él iba y venía corriendo, pegando al balón, montando en la moto, comiendo salchichón que acababa de descubrir en un reciente viaje, nombrando y nombrando hasta que de repetente, en un auténtico repente, se paraba y decía:
! quiero mami !
Entonces salía corriendo haciendo su madre, se encondía entre sus brazos, suspiraba y en pis pas volvía a la vida con más fuerza, si cabe.
Lo hizo tres o cuatro veces a lo largo del encuentro siempre con la misma sorpresa como rapidez en las ejecución del deseo:
! quiero mami! , decía y se tiraba en sus brazos.
Joder, pensé yo. Aquí está una de las claves del mundo. El sufrimiento del que no puede decirlo ahora y la tragedia del que no lo tuvo en su día.
! Quiero mami !, ¿ a qué me entienden ?

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