latidos

Una prima mía muy querida, que entra esta semana en la cuarentena, me manda un SMS :
» Ya, ahora. Corre, a lo mejor hay una librería todavía abierta». Y el título:
» El arte de escuchar los latidos del corazón «.
Se trata de un libro, claro. Mi prima es una lectora desde hace años, pero poco sé de sus hábitos y de sus cazaderos. Cuando hemos estado juntos siempre ha reservado un rato largo para, alejada un poco de todos, tapada con la manta del silencio, dedicarse a esta rara tarea de la que no parece desprenderse ningún fruto. Viéndola traginar entre las hojas, la familiaridad del gesto no ofrecía dudas. Nunca me había recomendado un título de modo que fuí a por él con la certeza del aviso.
Lo que ví no me gustó nada. Mal fario. Rústica, cubierta en marrón claro , sello de best seller, título en un cuerpo romántico del peor gusto y capitulares dentro para abrir que hubieran costado el dejarme de hablar con algún compañero del gremio.
Dentro de ese papel de estraza había un regalo. Un regalo para mí, personal e intransferible. Varias historias, unas encima de otras, unas descripciones escalofriantes sobre la discapacidad, una bondad sin límites en el marco embriagador de un país del que apenas sabía nada.
A veces sucede. Yo que llevo más de 20 años intentando reconstruir el camino de mi padre por las huellas que fue dejando, jamás hubiera pensado seriamente en la opción de intentarlo en Birmania. ! Con que delicadeza dice el texto los versos de amor que tanto nos cuesta oír en medio del estruendo!.
Cosas de libros. Esas maravillosas cosas de los libros.

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