Ave María

A veces, en ocasiones fugaces e íntimas, los otros nos traen noticias del otro lado. El rostro de un niño, la cara de esfuerzo y dolor de una madre, el fugaz paso de un perfume; una silueta en la noche de azahar y de naranjos, nos traen misivas, nos susurran recados que vienen de un mundo en el que nunca hemos estado pero del que tenemos certeza por un sistema viejo de enseñaciones.
También el arte cumple ese papel de mensajero. Y en entre todos la música, según dicen. Una presencia que vela por el espíritu humano.
El viernes estuve en un concierto de la orquesta de mi pequeña ciudad. Schubert y Staruss con la » inacabada» y » muerte y transfiguración » además de unos cuantos leader de cada uno. Un programa contenido, popular, apto para todos los gustos, propicio para saludar, hacer un poco de vida social y pasar un buen rato.
Al final de la primera parte la cantante se dejó caer por el Ave María de Schubert y la sala se estremeció de tal forma que el aire hubiera podido cortarse como un pastel de queso. Fue tan emocionante, tan cargado de verdad, que abandoné el auditorio y estuve paseando un rato encogido por las noticias que me llegaban del otro lado.
Cuando se me pasó dí las gracias a aquel hombre atormentado, enfermo, joven, pobre y humillado que fue el músico, y a la mezzo Angélica Kirchachlager que habían hecho de intérpretes del espíritu.
La vida es alabanza. En definitiva esa era la noticia me traían los genios.

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