tránsito

Nadie dispone del tránsito. Los cabos que se deoblan guardan sus propias reglas. Llegar al otoño no tiene tanto que ver con el calendario ni con nosotros mismos, ni siquiera con nuestro entorno. El otoño llega cuando nos alcanza. Otra cosa es que nos pille escuchando. Rilke decía a un joven poeta que le pidió consejo:
» reconozca si se moriría usted si se le privara de escribir. esto, sobre todo: pregúntese en la hora más silenciosa de la noche: ¿debo escribir ?. Excave en si mismo, en busca de una respuesta profunda. Y si esta hubiera de ser de asentimiento, si hubiera usted de enfrentarse a esta grave pregunta con un enérgico y sencillo debo, entonces construya su vida según esa necesidad: su vida , entrando hasta su hora mas indiferente y sencilla debe ser un signo y un testimonio de ese impulso. Entonces aproximese a la naturaleza. Entonces , intente, como el primer hombre , decir lo que ve y lo que experimenta y ama y pierde.»
Bajando por la prolongación de un parque urbano han dejado tres verdes distintos escalonados. Al final está el río. Se oye la confluencia de un canal histórico con la verdadera corriente: los grandes pájaros sobrevuelan esta mañana   el caudal. De pronto un golpe de aire seguro pero nada estridente, llega hasta un arce joven al que  se le desprenden la hojas amarillas que van planeando sobre los verdes hasta aterrizar elegantes sobre el suelo. Tengo que pararme y sentarme en un banco para mirar despacio. El aire es mantequilla en mi cara. Llueve. Luego sale el sol y cambian los colores.
Otoño. Casi me pierdo la llegada del nuevo otoño a mi propia vida.
Los escritores debieran recordar de vez en cuando las palabras de la madre de Borjes seguramente después de haber leído a Rilke :» hijo lee mucho, escribe lo que te resulte imposible de guardarte y publica poco. Muy poco.»
Lo malo del otoño es que se acerca diciembre. Yo sé lo que me digo.

Comentarios

  1. Otro texto suyo que alude al otoño: “La luz se apagó poco a poco y dejó sus último reflejos sobre un árbol solitario en medio de los senderos de las viñas. Se le caían las hojas delante de nosotros y luego aterrizaban con precisión en cualquier pista secreta del camino. De pronto comenzó a llover mansamente y pensamos que era el propio mundo quien lloraba ante el definitivo éxito del cambio.”
    Desde hace casi un año pensar en diciembre da una sensación de vértigo, de velocidad, de inquietud…….SUPONGO QUE ESO NOS UNE.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.