orden

Se ha dicho poco, sorprendentemente. En las profundidades del hombre anida un miedo atroz, atávico, a la hipótesis de que el mundo, el universo, carezca de sentido. Que no exista un un orden y mucho menos una armonia que nos permita buscar y ocupar un sitio en la sinfonía general a la que pertenecemos. En buena medida la vida del hombre se justifica por el esfuerzo, aun desdichado, para encontrar un orden que sirva para todos. Su mejor expresión , es el horario, desde luego , pero también sirve, como en mi caso, intentar que los libros sean bonitos, que acojan la bondad de lo escrito.
El golpe helado que ayuda a instaurar el vértigo de la ausencia de orden interno es la enfermedad. La enfermedad, en un momento , nos pone contra la pared, contras las cuerdas del destino y de pronto, por perder, perdemos hasta el rostro. El hombre entonces, sus familiares , sus amigos, enmudecen ante las bestialidad, aprietan los puños y ven. La vida les permite ver las entrañas del misterio. La enfermedad no es solo lo que nos permite tomar un iuprofeno.
A mi hermano Miguel le han metido doce horas de quirófano para intentar lipiarle un cancer en la boca. Duerme ahora en la UVI ganando tiempo. Cuando se despierte libraremos la batalla de la recuperación que no es otra que la de devolver el orden a su mundo. Si le dan una sola oportunidad ( y parece que tiene mas ) va a ganar esa batalla y todos nos quedaremos mas tranquilos.

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