libros de encargo

Entre los editores, los libros de encargo han tenido siempre mala prensa. Parecen enfrentados a la creatividad, al gran descubrimiento de un escritor novel, al suave murmullo lírico del mundo. Un libro de encargo es poco menos que una ofensa, un recordatorio de que en polvo eres y en polvo te has de convertir.
Trabajamos estos días sobre un libro de encargo en relación con un evento motero importante y curioso. Muchas horas de ordenador, reuniones y eso. De pronto uno se da cuenta de que el libro va tomando forma, encuentra la cubierta, su orden secreto, le llegan los olores personales de la gente que compone el pequeño equipo, come con ellos, sus cosas entran en tu mundo, se alcanzan los pequeños hitos del calendario que nos hemos marcado, el proceso, la imprenta…. . Hay mucha dignidad en este quehacer ordinario, de segunda fila. Un descubrimiento del oficio y de la cotidianidad, de la que estamos tan necesitados.
Entonces muchos de los autores van colocándose en su lugar. Víctimas de si mismos, enfrentados a la gran mentira del éxito, se revuelven contra el destino. Como en la vieja milonga:

el destino no hace acuerdos/ y nadie se lo reproche / ya estoy viendo que esta noche / vienen del sur los recuerdos/

No me interesa. Valga aquí mi homenaje a los queridos libros de encargo. Buscar en lo escrito un hueco para ajustar las cuentas no es lo nuestro.

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