bebidas

Que yo recuerde, no tengo ningún amigo que beba coñac. El coñac es una bebida difícil, una manifestación rara que nos envía directamente al territorio del sufrimiento y de la dureza del empeño por olvidar. El cogñac es una bebida de solitarios, una bebida de vaso de agua, un hábito de bujarrones para corregir el estilo. El cogñac, como tantas cosas, solo es soportable si es muy bueno. Entonces se transforma y se convierte en un milagro. Un cogñac francés, una par de veces al año, previene al cáncer de alma según asegura un estudio de la universidad de Tanzania en colaboración con la de Castilla la Mancha.
El gin-tonic debe tomarse por la mañana, el albariño con carne roja, los orujos son todos pecado salvo los que guardan para ellos algunos maitres de lugares insignes, el cava siempre de Agustí Torelló y el clarete de Corcos de Aguilarejo. Después de años de bebedor, estos son los secretos que guardo. Sobre el guisqui solo recordar el viejo aforismo escocés, creo:
» El día en que cada hombre sepa su ración exacta de guisqui se acabarán los médicos».
Hace unos días estuve en Segovia con Juan Arnuncio, el arquitecto que cuida de las catedrales. Estuvimos viendo los males de unas piedras y la grieta enorme que cruza la parte final de la hermosa dama. Sobre la una y media- un momento sin funcionarios normalmente-nos metimos en La Concepción a tomar un dray Martini.
El dray es la bebida del caballero. Admite una sola unidad, se requiere bastante silencio y no pasa del cuarto de hora. Luego o decides comer o irte para casa. De ahí que joda tanto el que los restaurantes no sepan estar a la altura.
El dray tiene un olor a amistad profunda y a recuerdos. Convendría decírselo a los del botellón antes de que sea tarde. Antes de que lleguen a ese punto- el nuestro- en que sea demasiado tarde para todo.

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